¿Cómo saber cuándo ir a terapia de pareja?

Se trata de una opción que cada vez está más presente en las parejas. Pero, ¿cuáles son las principales causas y para qué sirve? Nos responde una especialista.

Gisela Carpineta

Viernes 22 de Noviembre

Periodista especializada en LifeStyle y Gastronomía. Escribe en diferentes medios gráficos y digitales. #Foodie. En redes: @gcarpineta

En mayor o menor medida, todas alguna vez quizás pasamos por una situación amorosa en la que sentimos que ya no teníamos herramientas o no sabíamos qué hacer para “recuperar” la relación. Ya sea para encontrar esas herramientas, o para tener una ruptura lo menos conflictiva y dolorosa posible, recurrir a la terapia de pareja es una opción cada vez más presente. ¿Es tu caso? ¿Alguna vez lo pensaste?

La realidad es que las “señales” de que es necesario asistir a terapia de pareja son muchas y de lo más variadas. Según nos explica la licenciada Mariana Kersz -psicóloga, sexóloga y directora de @clinicadeparejas– estos son sólo algunos ejemplos:

  • Cuando la relación esté en crisis.
  • Cuando haya situaciones difíciles de comprender.
  • Cuando se blanqueen (o descubran) infidelidades.
  • Cuando la vida sexual presenta dificultades.
  • Cuando se pierde la confianza en el otro.
  • Cuando ya no podemos comunicarnos bien.
  • Cuando la familia de origen (mamá-papá-suegros) influyen con sus opiniones la toma de decisiones autónomas de la pareja.
  • Cuando surgen dificultades en relación a la llegada de los hijos… y muchos otros motivos más.

Según nos explica la especialista, muchas parejas recurren inicialmente a sexología por consultas que devienen de motivos emocionales que hacen a una terapia de pareja: “Por ejemplo hace poco vino a verme una pareja que consultaba por la falta de deseo sexual de ella, pero al indagar los motivos surge una falta de iniciativa sexual desde que él le confesó una infidelidad reciente. En cuanto a los motivos de consulta siempre hay que pensar que la suma de conflictos deriva en distintas crisis de pareja que sus miembros no pueden solucionar. En este punto, el proceso de terapia se presenta como un recurso que brinda nuevas herramientas para mejorar la relación”.

Entre esas causas, estas son las más comunes: monotonía en la relación, celos y desconfianza en la pareja, problemas relacionados a la educación y/o crianza de los hijos, problemas en la comunicación que no permiten resolver conflictos como por ejemplo discutir y no saber llegar a acuerdos o no poder negociar; gritos, insultos o maltrato verbal; así como también dificultades en la sexualidad, disfunciones sexuales, falta de deseo, dolor en las relaciones sexuales; infidelidad de uno u otro miembro de la pareja; problemas derivados de la relación con los familiares o problemas derivados de la conciliación entre el trabajo y las tareas domésticas.

– ¿Cuáles son las ventajas para la pareja? ¿Qué temas se suelen tratar en una sesión?
– La principal ventaja es que al recibir ayuda profesional ya la pareja entra en un estado diferente del habitual, rompiendo el circuito de toxicidad y neutralizando la repetición de los círculos viciosos en los que habitualmente se buscan respuestas diferentes. Por eso no es lo mismo el oído que presta un amigo, que el oído profesional, entrenado en la escucha de diferentes problemáticas que puede afrontar una pareja y que puede además brindarles las herramientas que se necesitan para que puedan salir de la situación en la que están, facilitando el desarrollo de las habilidades afectivas de cada uno de los miembros de la pareja. Así, contar con ayuda profesional de alguien neutral como un Lic. en Psicología especialista en Terapias de Pareja resulta útil cuando la pareja no sabe o no puede resolver por sí sola los problemas y las contingencias que se presentan. La ayuda profesional es justamente lo que puede marcar la diferencia.

No es lo mismo el oído que presta un amigo, que el oído profesional

– ¿Cómo es una sesión de terapia de pareja? ¿Cómo es la dinámica?
– Se trabaja con los dos integrantes de la pareja en las primeras dos entrevistas, para obtener la mayor cantidad de información respecto no sólo a los conflictos que los traen a la terapia, sino también en relación a los intentos que realizaron en pareja o en forma individual para resolverlos. Por ejemplo hay parejas que ya hicieron terapia de pareja en otras oportunidades, o hicieron una “escapadita” de viaje cerca para intentar reencontrarse, o cambiaron sus horarios laborales para estar más tiempo juntos…o hasta…¡tuvieron un hijo! en el intento de mejorar la relación. En las siguientes dos entrevistas se los ve en forma individual, para indagar en profundidad cómo se están sintiendo y conocer más respecto a la historia familiar y de vida de cada uno por separado. Luego el proceso continúa con los dos juntos de modo de poder avanzar buscando las estrategias adecuadas para que lo que la pareja necesita lo puedan lograr, siempre buscando cuales son las fortalezas que ya tienen, es decir cuales son los aspectos saludables que la pareja trae y poder potenciarlos para desarrollar mejor las debilidades y puntos lábiles de la relación.

– En tus años de experiencia ayudando a parejas, ¿cuál sentís que es tu mayor desafío como profesional?
– Los sistemas de pareja y familia son complejos y multifactoriales. Es muy difícil a veces que una pareja pueda darse cuenta de que si no cambian algunos hábitos y modifican sus rutinas es posible que las cosas no cambien y eso los lleve al fracaso. De por sí, una pareja que se predispone a asistir a terapia de pareja, es una pareja con ganas de cambiar y modificar, pero a veces inicialmente algunos pacientes no están dispuestos a ceder, o no es el momento aún de hacerlo. Y en esos casos es donde se presenta el mayor desafío.

Hay parejas que ya hicieron una escapada para intentar reencontrarse, o cambiaron sus horarios laborales para estar más tiempo juntos…o hasta ¡tuvieron un hijo! en el intento de mejorar la relación

– ¿Y cómo se indaga en esos casos para poder ayudarlos?
– Las cuestiones que los llevaron como pareja a estar donde están hoy, llevaron años, y no es sólo el tiempo, son los hábitos, las rutinas, las crisis que atravesaron, los duelos, la autoestima y los logros o fracasos personales de cada uno y de los dos como pareja los que los ubican en el lugar en el que están hoy. Desarmar esto y llevarlos hacia nuevos proyectos y nuevos modos de comunicarse, de mirarse y de entenderse, requiere tiempo y una mano casi artesanal que pueda acompañarlos con mucho cuidado y mucho amor en ese nuevo recorrido, sin generar cruces innecesarios entre ellos, sino buscando las mejores estrategias que les permitan mejorar su calidad de vida. Pero en este proceso, también tiene que haber una renuncia. Una renuncia que a veces implique menos horas de trabajo, o poder delegar tareas de la casa, o aceptar los reclamos de la pareja como válidos, o contratar una niñera, o saber pedir disculpas a tiempo, etc. No todas las parejas o no todos los miembros de una pareja están de acuerdo en aceptar esa renuncia y modificar conductas que los llevaron a esta situación actual. Y quizás este sea el desafío más grande como terapeuta de parejas y sexóloga clínica: lograr que cada uno pueda aceptar su parte de responsabilidad y aprenda a mejorar y modificar para poner lo mejor de sí para disfrutar verdaderamente de la relación.

 

El desafío más grande como profesional es lograr que cada uno pueda aceptar su parte de responsabilidad y aprenda a mejorar y modificar para poner lo mejor de sí

– ¿Y qué pasa si no llegan a un acuerdo o si la relación ya está “rota”? ¿Cómo se aborda?
– Si la pareja ya está rota y la decisión está prácticamente tomada antes de iniciar la terapia de pareja, muchas parejas se acercan al consultorio para “confirmar” la determinación de separarse. Incluso durante las entrevistas también se evalúa si seguir juntos es o no lo más saludable para todos, especialmente si no están pudiendo modificar conductas tóxicas delante de los hijos, como gritos, peleas continuas e incluso violencia física. Siempre se buscan las mejores herramientas, pero a veces las herramientas incluyen una separación en los mejores términos, buscando las intervenciones adecuadas para llevar adelante un divorcio pacífico y equitativo. El dolor por la pérdida y la sensación de frustración por el proyecto de vida que no fue, es inevitable, y en esos casos siempre se deriva a terapia individual para que puedan trabajar sus sentimientos y emociones de manera ordenada.


SEPARACIÓN: ¿CÓMO HABLARLO CON LOS HIJOS?
Definitivamente para una pareja con hijos comunicar una separación es una de las situaciones más complejas que le pueden tocar a los padres. En estos casos, la licenciada remarca:

Los SI:
Hablar con los chicos y anticipar unas semanas antes respecto a lo que va a suceder.
Armar un cronograma de visitas y respetarlo. Todos necesitan orden y normalización frente a toda la desorganización de la separación.
Respetar los acuerdos económicos y acordar días, horarios y todas las responsabilidades posibles por escrito.
– Si a que papá viva momentáneamente en casa de sus padres o amigos hasta conseguir un lugar estable. Los niños necesitan un lugar y un espacio con papá.

Los NO:
Alargar. Está bien comentar a los niños acerca de la separación con 2 o 3 semanas de anticipación, pero más tiempo puede confundirlos.
Desordenarse. Las separaciones ya son bastante caóticas para todos. Los niños necesitan rutinas y suelo firme donde pisar. No desorganizar sus horarios y actividades.
Idas y vueltas. Si van a volver a estar juntos luego de haberle avisado a los chicos que iban a separarse, deben estar 100% seguros de la decisión a tomar, para que no se generen fantasías de reconciliación en torno a esto.
Lleva y trae. No, no y definitivamente no: ¡los chicos no son mensajeros! Si hay algo que decirle al otro es mejor hacerlo en persona y evitar los mails, sms, llamados o cualquier otro medio que preste a confusión.

“En definitiva se busca que la ruptura de la relación de pareja sea de la manera más sana y saludable posible para todos”, afirma.

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