Finanzas en pareja: ¿Qué pasa cuando el 50/50 no es una opción?

A la hora de dividir los gastos, muchos apuestan al "mitad y mitad", pero el problema se presenta cuando los ingresos son muy dispares. ¿Qué hacer en esos casos?

Gisela Carpineta

Domingo 01 de Agosto

Periodista especializada en LifeStyle y Gastronomía. Escribe en diferentes medios gráficos y digitales. #Foodie. En redes: @gcarpineta

Todas conocemos el famoso dicho “cuentas claras conservan la amistad”… Pero, ¿qué pasa si lo que hay que preservar es la pareja? La realidad es que, para muchos, este puede ser todo un problema.

Si bien hay leyes que regulan el reparto de los bienes o de los recursos cuando las parejas se separan o divorcian, no existen normas sobre cómo organizarse cuando dos personas deciden vivir en pareja o casarse. Pero construir un patrimonio entre dos es más fácil: para evitar malentendidos y conflictos, sólo se necesitan reglas y respetar ciertos compromisos.

Para empezar a darle forma, organizarse y respetar las normas, lo primero que recomiendan los expertos es hablar directamente del tema. Pero ojo, no se trata sólo de preguntar por los ingresos del otro, sino también por sus deudas ya que esto terminará influyendo en la economía familiar así como también preguntar por proyectos a corto plazo.

(Re)calculando: ¿50/50 o aporte proporcional?

A la hora de dividir los gastos, muchas parejas apuestan al “mitad y mitad”, pero el problema se presenta cuando los ingresos son muy dispares. Desde esta perspectiva, dividir todo por la mitad podría perjudicar al que tiene ingresos menores.

En cambio, llevar a la práctica la fórmula del aporte proporcional puede ser una buena opción. No es tan complejo hacerlo, pero hay que organizar las cuentas para calcular el porcentaje que cada uno debería aportar al fondo común.

Para los especialistas, lo más lógico es que el aporte individual tenga relación con el nivel de recursos que cada uno aporta. A cada pareja le funciona una fórmula distinta, pero es recomendable que el aporte a los gastos comunes sea proporcional a los ingresos que cada uno tiene.

Ese porcentaje puede ser calculado para cada gasto. O una forma aún más fácil es repartir qué cuentas pagará cada uno, siguiendo el principio de la proporcionalidad que hablábamos. ¿Por ejemplo? Uno se hace cargo del alquiler y el supermercado, mientras que el otro lo hace con esos gastos que sean equivalentes a la proporción del aporte que le corresponde realizar.

También es necesario que definan cómo aportará cada uno a los gastos comunes. ¿Efectivo? ¿Cuenta en común? A la par, algunos especialistas recomiendan establecer una estructura según los niveles salariales y crear además un fondo común de ahorro, cuando sea posible.

Por último, pero no por eso menos importante, otro tema importante en este asunto es ¡organizarse! Cuando las finanzas no funcionan como un relojito, las discusiones se pueden volver moneda corriente. Para eso, el principal consejo es establecer tareas y roles: cada uno deberá ocuparse de ciertas tareas como el manejo de las cuentas bancarias, el pago de servicios, el control de las inversiones o las consultas con el contador.

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